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Leer un cuento en familia
Maribel Orgaz

 
“Me gustan las poesías: dicen cosas muy bien y son muy cortitas”.
Patricia Ramírez, 7 años
 
Un cuento se lee, antes que nada, con afecto. Ese es lo más importante, que el niño perciba que leer es un acto grato, en el que mamá o papá disfrutan tanto como él. En esta edad da lo mismo que una lea o no lea, el niño es tan egocéntrico que apenas se fija si es un hábito en casa, en cambio, percibe con claridad si leer le permite estar con sus padres y compartir un momento especial. Es importante dejar que las características del niño –su edad y su temperamento- se impongan sobre la lectura y no al revés.
 
Es también muy importante que en esta edad, la literatura para los niños sea oral –con todas las limitaciones que eso implica desde el punto de vista de nuestro concepto de Literatura- con apoyo visual o táctil, pero es antes que nada, oral. Les gustan los cambios de voces, los efectos de la pausa y del silencio, la gesticulación que remarque el cuento. El niño no va a apreciar los recursos narrativos, no sirven aún para mejorar una historia infantil.
 
He elegido el tramo 0-6 años porque es la etapa en la que se le leen cuentos. A partir de los seis años, de forma general, el niño lee y entonces, aunque le sigamos leyendo el cuento, el adulto acompaña al niño en sus lecturas, su papel se modifica con respecto a la lectura. El niño puede, por sí mismo, contarse un cuento, algo que ya intenta a partir de los 3 años, cuando es capaz de memorizarlos enteros, manipularlos con la suficiente destreza, cogerlos de donde estén.
 
En general, el niño debe escuchar un cuento y sólo eso. Sin músicas de fondo, sin televisión, sin interrupciones de una llamada de teléfono. Estamos creando una burbuja, un momento de lectura especial y en ese momento, no hacemos nada más que atender al cuento y al niño. A la par, es también conveniente, enseñarle que uno puede concentrarse en la lectura, en la biblioteca pública infantil o mientras el hermano/a hace los deberes o está jugando al lado; tiene que aprender a concentrarse, aislarse leyendo.
 
Tampoco creo en la insistencia en aprender a leer desde muy pronto. Hay niños precoces, pero no sólo en la lectura, en más aspectos, para empezar en su dominio del lenguaje o en la capacidad de atención. La precocidad en la lectura es consecuencia de estos factores y no al revés y es consecuencia de multitud de actos para estimular su madurez desde que nace.
 
De los 6 meses al primer año
El libro, en este caso el cuento, es parte de su vida cotidiana. Hay juguetes que tienen forma de cuento, y que le acompañarán, como en su futura vida de lector, a todas partes. Así, sirven de almohada, para la bañera, para el paseo, en todas partes y a todas horas. Al ser un objeto completamente artificial, ha de enseñársele que está con él como lo está su propia ropa.
 
Un hito en su crecimiento. Se sienta, puede manipular objetos, girar un poco el torso, girar la cabeza y tiene la suficiente destreza como para abrir las hojas de un cuento como si fuera una fruta, no sabe aún pasarlas, sólo abrirlas y los chupa casi todos.
 
De repente, es consciente de sí mismo y de que no es un apéndice de la madre. Extraña profundamente a los demás y cree que si alguien se va o un objeto desaparece lo hace para siempre, tiene auténticos ataques de pánico si se le deja sólo en una habitación. (Es también, un sanísimo instinto de supervivencia)
 
 
Ahora, nos sentamos al lado para contarle algo, no hace falta apuntalar al niño para contarle un cuento. Los argumentos aún no tienen sentido para él. Pero dará palmas y rebuscará sus cuentos preferidos, normalmente los que tienen animales o que suenan. El apoyo auditivo para contarle un cuento es fundamental, es capaz de distinguir el dibujo de un objeto (¿dónde está la niña? ¿y el perro?).
 
El niño hasta más allá de un año tiene una falta absoluta de control emocional, siente todo a través de la madre o la persona que le cuida. Cuando leemos un cuento, él estudia con absoluta atención nuestros gestos, si es una sonrisa, un gesto de temor, de sorpresa y siente lo mismo que el adulto. Por eso, es tan importante transmitirle una plena felicidad en el momento de leer, de curiosidad por la historia que nos están contando. Eso es lo que va a percibir más nítidamente.

Del primer año a los tres años

 Es importante que el niño aprenda a escuchar, a escuchar pacientemente y que no interrumpa constantemente, eso le enseña a controlar su impulso de interrumpir y le educa en la atención que será fundamental para que sea capaz después de leer por sí mismo. Si no hay atención, no hay escucha y si no hay escucha, no hay aprendizaje
El niño aprende a pasar hojas si son gruesas, le encantan los cuentos aunque da igual el orden en que se los cuenten, le gusta una misma escena repetida decenas de veces, le gustan sobre todo, los que reflejen su propio mundo: otros niños, animales, papá y mamá, la venida de un hermanito y por supuesto, los clásicos de princesas, caperucita, etc.
 
Es la gran eclosión de la edición: cuentos para tocar, para ver, cuentos en forma de juguetes, de cosas. Aunque los argumentos aún no tienen demasiada importancia, sólo en la medida en que tengan momentos que a ellos les gusten especialmente.
 
Tiene ya intentos de independencia, se aleja en el paseo, intenta esconderse jugando. En la lectura, puede negarse a que le leamos un cuento y preferir otro.
 
De los tres a los seis años
A los 3 años hay otro hito en su crecimiento. Sabe que el tiempo pasa, que hay un principio y un final, que esto ocurre antes que lo otro, que te has saltado una página. El arco de lectura se enriquece notablemente, disminuye la necesidad de apoyo visual, táctil y el niño empieza a asimilar conceptos abstractos como la muerte, la envidia, portarse mal. De igual forma, es capaz de proyectar en el tiempo y se interroga por el pasado.
 
Es también el momento en el que es capaz de jugar en grupo y de pensar un poco más en los demás.
 
Su vocabulario se enriquece, asimila el concepto del tiempo y es capaz de manejar tiempos verbales muy ricos, empieza a ser sensible a los recursos del lenguaje, descubre admirado y divertido que hay palabras que suenan raras, que un personaje tiene nombres rarísimos, que hay rimas ocultas y puede captar chistes sencillos o adivinanzas. Comienza a desarrollar el sentido del humor.
Es el momento de empezar a abordar los poemas.
 
Es el momento en el que los cuentos de caca, pis o un niño desnudo le regocijan y divierten, algo que hasta los 3 años no le hace ninguna gracia porque todas sus hazañas eran ensalzadas en familia: dar una galleta a alguien que se la pide, hacer pis en un orinal, pasearse desnudo por la casa. Ahora sabe, porque ha interiorizado de forma admirable un montón de normas sociales, que ir desnudo es exponerse al ridículo, que la caca no es un orgullo que sus padres admiran junto con él.
 
Le fascinan los cuentos de hadas, brujas, de superhéroes y los referidos a su vida diaria se hacen muchísimo más complejos: las relaciones con los amiguitos en el colegio, la muerte de un familiar, una estancia en un hospital.
 
En esta etapa es importantísimo enseñarle que los cuentos deben cuidarse, que si se rompen no se pueden contar. Es importante que sepa, que frente al juguete, que abandonará tarde o temprano, el cuento, el hecho de oír historias cada vez más complejas y más divertidas, siempre permanecerá junto a él.

Es también la edad en la que el niño comienza a tener hábitos de higiene, de pequeñas tareas escolares. Leer debe formar parte de ellas.
 
Conclusión
0-3 años- El libro juguete / fruta
La edición se dedica a la forma del libro, saber manejarlo y saber qué es.
3-6 años- El libro no es un juguete
Hay ya capacidad de seguir un argumento, de apreciar la belleza de una ilustración pero la comprensión compleja y rica es en la siguiente etapa, cuando el niño lee.
6-8 años- El libro es un mundo aparte y es un hábito
Este es el auténtico territorio de la literatura infantil y este periodo es el de los grandes ilustradores.
 
 

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